Hace 70 años nacía Fassbinder, el “enfant terrible” del cine alemán

Rainer Werner Fassbinder, uno de los cineastas más importantes de Alemania en los 1970s y principios de los 1980s (Foto: IMDb)

 

Por Britta Schultejans

Múnich, 29 de mayo 2015 – Rainer Werner Fassbinder, a quien muchos consideran el más importante de los cineastas alemanes, se convirtió en un mito al morir en 1982 a los 37 años dejando una obra prolífica y un retrato de su época.

Ahora, al acercarse el 70 aniversario de su nacimiento (31 de mayo), Alemania intenta descifrar ese mito. Un documental de cine sobre “37 años de inmolación” y una amplia muestra en el Museo Martin Gropius Bau de Berlín documentan una vida salvaje y una revolucionaria obra en teatro y cine. Su legendaria chaqueta de cuero negro también es parte de la exposición.

Fassbinder dijo una vez que siempre supo que iba a rodar películas. “Para mí era solo una cuestión de tiempo”. Su obra comprende unos 40 filmes como “El matrimonio de Maria Braun” y “La ley del más fuerte”, así como 17 obras de teatro.

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Hasta hoy es considerado especialmente en el extranjero el máximo exponente del Nuevo Cine Alemán de los años 60 y 70. “Fueron meteoritos que cayeron con fuerza en aquellos tiempos un tanto rancios”, señala el director del Martin Gropius Bau, Gereon Sievernich.

Fassbinder era considerado al mismo tiempo un niño prodigio y un tirano que abusaba del alcohol. “Borracho y genio”, supo titular la revista “Stern”.

Su pasión por el cine es legendaria y quedó patente ya en el examen de ingreso a la Escuela Superior de Cine en Múnich, que en un principio no aprobó. A la pregunta de cuál era la última película que había visto y si le había gustado contestó escribiendo una hoja entera.

Inquirido sobre si podía explicar las diferencias de competencias constitucionales entre el canciller federal y el antiguo canciller del Reich, respondió con un lacónico “no”.

Esta desenfrenada pasión derivó en un altísimo nivel de autoexigencia que una vez describió sin falsa modestia: “Quiero ser para el cine lo que Shakespeare fue para el teatro, Marx para la política y Freud para la psicología: alguien después del cual nada sea como antes.”

Para ello trabajó como si supiera que tenía los días contados y sin medirse, ni con el alcohol, ni con sus amoríos con mujeres y hombres ni con las drogas.

El guión de la serie televisiva “Berlín Alexanderplatz” lo dictó en una grabadora durante casi tres días sin dormir. “Voy a poder dormir cuando esté muerto”, era una de sus típicas sentencias.

Su vida fue “un suicidio en cuotas”, escribió el biógrafo Jürgen Trimborn en su libro “Un día es un año es una vida”. Fassbinder fue hallado sin vida en su apartamento de Múnich el 10 de junio de 1982. Probablemente murió sin quererlo a causa de una sobredosis de cocaína. Pero también pudo desencadenar su deceso el exceso de alcohol.

Era igual de despiadado con los demás. “Fassbinder era una persona a la que todos obedecían”, dice en el nuevo documental la actriz Hanna Schygulla, una de las grandes artistas descubiertas por el cineasta.

Schygulla conoció a Fassbinder en una escuela de teatro. “Me llamó la atención inmediatamente. Tenía algo que te conmovía pero al mismo tiempo te infundía temor, un toque vulnerable y al mismo tiempo de ave de rapiña”.

Sus ataques de ira forman parte de la historia del cine. “Muchas veces se daban verdaderas trifulcas durante el trabajo”, recuerda Trimborn. “Te voy a dar una bofetada, cerdo grasiento. ¡Te voy a matar, te voy a destripar!”, le espetó Fassbinder a un director de producción. “Cuando hacía algo lo hacía de una forma completamente diferente a los demás”, señala Schygulla.

Era distinto no sólo en el trabajo. En la vida privada no le importaban las convenciones sociales. Hizo gala en público de su bisexualidad, algo escandaloso para aquellas épocas. Se casó con Ingrid Caven, pero al mismo tiempo se dice que estaba enamorado del actor Günther Kaufmann.

“Fue una gran aventura trabajar con este loco, que para muchos era un ser sumamente violento. Tenía encanto. Era odioso, un represor y un manipulador, un horror. Pero también era excepcional”, lo describió el asistente de dirección y guionista Fritz Müller-Scherz.(dmz/hl)

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