El legado de Rubens, 375 años después de su muerte

Autorretrato de Rubens con su esposa Isabella Brant (Foto: wikipedia)

 

Amberes, 28 de mayo 2015 – Tras el altar mayor de la Sint-Jacobskerk de Amberes se encuentra la capilla de Nuestra Señora, que alberga la tumba de Pedro Pablo Rubens. Sobre ella, la viuda del maestro flamenco hizo colocar el lienzo “La Virgen y el Niño rodeados por santos”, en el que se cree que el pintor inmortalizó a su propia familia. De su muerte, el 30 de mayo de 1640, se cumplen ahora 375 años.

Rubens dejó un rico legado cultural en la pujante ciudad belga, donde residió la mayor parte de su vida y que en aquel entonces se encontraba bajo dominio español. En la catedral cuelgan cuatro de sus obras maestras: el tríptico “La elevación de la Cruz”, el óleo “Asunción de la Virgen”, su famoso panel sobre “El descendimiento de la Cruz” y “La resurrección de Cristo”. Y es que este hijo de calvinistas nacido en la actual Alemania se acabó convirtiendo allí al catolicismo.

Su manejo de la luz y el color, con los que insufló dramatismo a los temas religiosos, lo convirtieron en el pintor eclesiástico por excelencia. No obstante, en su extensa obra figuran también motivos históricos o mitológicos, todos ellos con un lenguaje visual que inspiró a generaciones. Pintores como Pablo Picasso, Rembrandt o Gustav Klimt se vieron influenciados por la expresividad de sus composiciones, como mostraba hasta hace unos meses una exposición en Bruselas. No en vano, dos siglos después, el francés Eugène Delacroix era apodado “el nuevo Rubens”.

Rubens apenas pudo escapar de los encargos. La iglesia, la burguesía, la nobleza y las casas reales de Francia, Inglaterra y sobre todo España compraron muchas de sus obras. Fue el pintor favorito de Felipe IV, razón por la que el madrileño Museo del Prado alberga la mayor colección de obras del maestro flamenco: alrededor de 90. Entre otras, destacan la imponente “Adoración de los Reyes Magos” o “Las tres gracias”. Pero además, tras el pintor había también un exitoso empresario. Más de 100 aprendices y ayudantes trabajaban en su taller de Amberes para poder dar salida a la enorme demanda.

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Por otro lado, Rubens demostró también notables dotes para la diplomacia. Los monarcas españoles de la Casa de Austria le confiaron varias misiones, una actividad que se intensificó en torno a 1630 -en plena Guerra de los Treinta Años- llevándolo por España e Inglaterra con el fin de lograr la paz entre los Países Bajos Españoles y las Provincias Unidas. Y sus esfuerzos en el terreno político también se tradujeron en el artístico con el lienzo “Minerva protege a Pax de Marte” (“Alegoría de la Paz y la Guerra”), actualmente en la National Gallery de Londres.

Para indagar en el lado más personal del pintor hay que visitar la Casa de Rubens en Amberes. Adquirida en 1610, la usó como vivienda y taller y en ella cuelgan obras de algunos de sus más famosos contemporáneos, como Anthonis van Dyck y Jacob Jordaens. Y es que Rubens era también un apasionado coleccionista. Hasta el 28 de junio puede contemplarse muestra con retratos de sus cuatro hijos y sus mujeres, Isabella Brant y Hélène Fourment. Ésta descansa junto al pintor en la Sint-Jacobskerk.(dmz/dpa/hl)

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