La COP20, una nueva cita en defensa del planeta

 

 

El Presidente de Perú Ollanta Humala hizo hoy entrega del recinto COP20/CMP a las Naciones Unidas (Foto: www.cop20.pe)

Lima, 28 nov 2014 – Más de 10.000 expertos de 194 países se reunirán desde el lunes en Lima durante 12 días para analizar medidas contra el cambio climático, fenómeno que amenaza con causarle daños irreparables al planeta.

La Vigésima Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas Sobre el Cambio Climático (COP20) será el último puente dentro del compromiso que asumieron los países hace 20 años en Varsovia de tener lista para 2015, cuando sostendrán en París una vigésimo primera reunión, una serie de iniciativas tendientes a enfrentar la situación.

En ese marco, hay quienes le restan importancia a la reunión en el Perú, por considerar que lo trascendental se definirá en la capital francesa. Pero “no hay París sin Lima, ya que si no se llega a temas concretos aquí será difícil adoptar un acuerdo en París”, ha resaltado el ministro del Ambiente del Perú, Manuel Pulgar Vidal.

Event Tickets at TicketNetwork.com

La COP20 se dividirá en dos partes: Una, eminentemente técnica, arrancará el lunes con innumerables reuniones de expertos que se encargarán de ver las letras chicas del tema. La segunda empezará una semana después, cuando se unan representantes de alto nivel político con capacidad de tomar decisiones a nombre de sus estados.

Pulgar Vidal, quien presidirá el encuentro, abrirá las sesiones en una ceremonia el lunes, que, como todo el evento, se realizará en las instalaciones del cuartel general del Ejército. Algunos otros oradores precederán a las reuniones a puerta cerrada, de las que algunos portavoces le estarán dando cuenta a la opinión pública.

Conformarán la agenda del encuentro temas como la adecuación de los procesos productivos de cada país a la nueva realidad climática, la adopción de metas precisas en cuanto a las emisiones para evitar que el aumento de temperatura pase de los dos grados centígrados, la preservación de los bosques, la transferencia tecnológica y formas de financiación para todo el proceso.

Los puntos no se anticipan fáciles, pues varios países industrializados son acusados repetidamente de no dar su brazo a torcer y de eludir políticas que pudieran desencadenar cambios en el crecimiento económico.

Hasta hoy no estaba clara la lista de personalidades de gobierno que se unirán a las deliberaciones desde el martes 9, pero la esperanza de los organizadores es que el nivel sea el mayor posible, de forma que los compromisos adquieran mayor rigidez.

Las respuestas se conocerán el viernes 12, cuando todo termine y se sepa cuánto se avanzó. Para el presidente de la ONG Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), Jorge Caillaux, la aparente idea de que en Lima no se tomarán decisiones y que todo se resolverá realmente en París puede por paradoja coadyuvar a que se superen las expectativas.

Otro dirigente de la SPDA, Carlos Loret de Mola, considera, a partir de una reciente encuesta que reveló que solo un dos por ciento de los peruanos conoce de alguna manera a las COP y la problemática ambiental, que si se lograra subir a hasta un 10 por ciento la proporción de quienes tengan conciencia del tema eso ya sería un logro impactante.

Perú, país amazónico y que genera gran parte de sus ingresos de la actividad extractiva, es un lugar especial para deliberar sobre el tema. Los conflictos que involucran a comunidades que consideran que las mineras, grandes y pequeñas, legales o ilegales, contaminan sus hábitats -lo que en muchos casos de ha demostrado científicamente- están siempre entre las primeras causas de la movilización rural. Varias veces se ha terminado en enfrentamientos con muertes entre campesinos y policías.

Mientras tanto, la tala ilegal de árboles, otro factor que contribuye al envilecimiento ambiental del planeta, llegó a 1,5 millones de hectáreas en la Amazonía peruana en solo la primera década de este siglo, sin que el Estado logre ponerle fin a un fenómeno a través de medidas de apariencia simple, como la titulación de tierras para los indígenas.

Edwin Chota, un humilde líder indígena peruano de la comunidad asháninka, luchó durante años por el reconocimiento para las tierras de su etnia, pero solo halló oídos sordos en medio de la corrupción de funcionarios regionales coludidos con las mafias de los madereros.

Finalmente Chota y tres de sus principales colaboradores fueron asesinados en septiembre por madereros ilegales cansados de sus quejas. El asháninka se ha convertido así en una especie de símbolo oculto de la COP20.

No estará oculto sin embargo para la Cumbre de los Pueblos, que, como se ha hecho costumbre, deliberará en simultáneo con la COP y propondrá medidas más radicales con el argumento de que lo que se necesitan no son parches sino un cambio de modelo de desarrollo que limite la necesidad de los combustibles fósiles y la deforestación.

Con el presidente de Bolivia, Evo Morales, como principal referente, esos organismos buscarán hacer escuchar su voz discrepante. Una Gran Marcha por la Tierra que recorrerá las calles céntricas de Lima el 10 de diciembre será la mayor movilización social paralela a la COP 20 y allí Chota emergerá como el declarado símbolo de una lucha de la que aparentemente muchos no llegan a entender su importancia como instrumento de supervivencia.

Un aumento violento de la temperatura por el efecto invernadero generaría el deshielo -que ya se produce en grandes cantidades- y una catástrofe humana. La responsabilidad para los huéspedes de Lima no será poca. (dpa/dmz/hl)

Hinterlasse jetzt einen Kommentar

Kommentar hinterlassen

E-Mail Adresse wird nicht veröffentlicht.


*


This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.