Cataluña, hacia nuevos comicios: Mas no logra apoyo para gobernar

 

Cataluña se verá abocada a nuevas elecciones (José Martínez Raya  / Twitter)

Por Ana Lázaro Verde

Barcelona/Madrid, 3 de enero 2016 – Cataluña se verá abocada a nuevas elecciones, salvo sorpresas de última hora: Artur Mas, el hombre que más cerca de la secesión ha llevado a la región española, se quedó hoy definitivamente sin opciones de formar Gobierno.

La CUP, el partido anticapitalista e independentista cuyos votos en el Parlamento catalán eran necesarios para su investidura, decidió no darle el respaldo para que vuelva a gobernar tras las elecciones del 27 de septiembre, convertidas en un plebiscito sobre la independencia de la región.

«La decisión está tomada (…) Con este candidato no podemos formar Gobierno», confirmó uno de los representantes de la CUP tras la reunión de la dirección del partido.

El plazo para investir un nuevo presidente del Ejecutivo catalán expira el 10 de enero. Si antes no hubiese un acuerdo, la ley prevé que el Parlamento regional se disuelva y que se convoquen nuevas elecciones. Serían las cuartas en seis años.

La única opción «in extremis» para evitarlo es que la coalición independentista con la que Mas concurrió a las urnas en septiembre, Junts pel Sí, acepte la principal condición de la CUP: un nuevo candidato que guste al partido de izquierdas.

«La decisión tomada hoy no cierra la puerta a que otro candidato se pueda presentar para plantear una nueva investidura», explicaron desde la formación anticapitalista, que instó a Junts pel Sí a «mover ficha» para evitar nuevos comicios.

La vuelta a las urnas, no obstante, parece el escenario más probable: Junts pel Sí se negó hasta ahora a sustituir a Mas por otra persona, incluso tras los dos rechazos de la CUP en las primeras sesiones de investidura.

La decisión tomada hoy por el partido de izquierdas tiene lugar tres meses después de los comicios del 27 de septiembre. En ellos, Junts pel Sí obtuvo el mayor número de votos, aunque no la mayoría absoluta. El futuro de Mas quedó a partir de entonces en manos de la CUP, con el que solo coincide en su afán separatista. Durante tres meses, ambas partes negociaron sin éxito.

El partido anticapitalista pidió desde el principio la cabeza del jefe del Ejecutivo catalán en funciones, al que no ve con buenos ojos por los recortes perpetrados por su Gobierno y por los casos de corrupción que salpican a su partido.

Sin embargo, parte del partido abogó por apoyar su investidura a cambio de determinadas cesiones para no paralizar el proceso secesionista. Tras un empate el pasado domingo, hoy ganó el «no».

El objetivo de la CUP y de Junts pel Sí es iniciar el camino hacia una «república catalana independendiente», a lo que se opone el Gobierno español de Mariano Rajoy -ahora en funciones-. Pero no coinciden en la persona que lo lidere.

Si finalmente se convocan nuevas elecciones en la región, el proceso auspiciado por Mas quedará de nuevo bloqueado al no haber Gobierno, al igual que ocurrió con la resolución independentista aprobada por el Parlamento catalán el 9 de noviembre. 

La decisión de la CUP arrancó hoy reacciones en Cataluña y en España. La presidenta del Parlamento regional, la independentista Carme Forcadell, lamentó en Twitter el «no» del partido anticapitalista: «Siempre he pensado que al final la CUP ayudaría a hacer realidad el mandato democrático del 27S. No ha sido así».

Desde el Partido Popular (PP) de Rajoy consideraron que Mas queda ahora «deslegitimado» para volver a concurrir a las urnas y desde el Partido Socialista de Cataluña lo acusaron de ser el único responsable de «la parálisis» en Cataluña. 

El rechazo a su investidura también es importante en el escenario político español tras las elecciones del 20 de diciembre, que dejaron el país al borde de la ingobernabilidad. El desafío independentista catalán se ha convertido en pieza clave de las negociaciones postelectorales entre los principales partidos.

El PP, el más votado en las urnas aunque lejos de la mayoría absoluta, y el emergente Ciudadanos defienden la unidad de España. El Partido Socialista (PSOE) aboga por una reforma de la Constitución española en clave federal y Podemos, heredero del movimiento de los indignados, pide un referéndum en la región. (dpa/dmz/hl)