Refugiados aquí y allá: Reflejos de una crisis

 

 

Refugiados sirios esperando en la frontera de Eslovenia ((Foto: Gregor Peter / Twitter)

Por Arturo Martínez-Rubi

Berlín, 25 de octubre 2015 ¿Qué tienen en común los desplazados sirios y los michoacanos –por mencionar sólo un caso- que huyen a causa del narcotráfico en México? Si bien ambas situaciones son complejas y con múltiples ópticas, se puede encontrar un factor común desde el origen de sus respectivas realidades: la violencia. Para explicar esta tesis valdría hacer un pequeño análisis de las partes involucradas.

En una cara de la moneda se encuentran las autoridades, quienes no han podido contrarrestar ese vacío de poder evidente y que ha sido ocupado por aquellos que claman territorio y autonomía (ideológica y/o económica). Si se busca el amparo de la ley, llámese el Estado y sus instituciones vinculadas a la seguridad, habría que lidiar con las flagrantes violaciones a los derechos humanos que cometen, el abuso de poder con que operan o, en muchos casos, soportar la indiferencia ante las causas que deberían defender, las de su gente.

La otra parte no es más alentadora. Los grupos insurrectos y/o criminales, valiéndose de los medios más coercitivos y aprovechando la difusión mediática del alarmismo metódico con el que someten a sus opositores, no tienen el más mínimo interés de mantener alejados a quienes no interfieren directamente en su llamada “lucha”. Además, son capaces de responder a enfrentamientos militares y transmitir mensajes con un lujo de sadismo que incrementa su creatividad en la medida que pasa el tiempo. El único límite que tienen es la muerte.

Y en medio de todo esto, transita con temor una población ajena al conflicto que busca resguardo fuera de su lugar de origen para preservar la vida y tener una oportunidad de desarrollo, un futuro para sus familias.

Cualquiera de nuestros grupos en cuestión –los sirios y los michoacanos- cabría dentro de las premisas descritas. Sin embargo y, por mencionar sólo algunas, hay diferencias que vale la pena contrastar:

Mientras que los sirios buscan el estatus de asilado en países de la Unión Europea, los desplazados por la violencia en México se encuentran con un panorama jurisdiccionalmente complejo; debido a que muchos permanecen en el territorio nacional, no gozarán de alguna posición legal que les otorgue los medios necesarios para subsistir y aún tendrán que enfrentar la situación del estado que hayan elegido para su nueva vida. La violencia no es ajena a ninguna región del país.

La adaptación cultural en el caso de los mexicanos es apenas un ligero destello comparado con la cegadora odisea que enfrentan los procedentes del oriente medio; religiones distintas, costumbres, tradiciones, modos de ser, actuar y pensar que, hasta cierto punto, contrastan con el modelo occidental. Esto ha despertado cierto grado de predisposición entre algunos países de la denominada Ruta de los Balcanes, manifestando tácitamente un hermetismo en el trayecto que siguen hacia el destino final. Una vez establecidos, la lucha en este terreno sería permanente.

Es evidente que cada grupo se enfrenta a retos distintos, pero la vulnerabilidad que comparten nos permite reflexionar y pensar en medidas que generen soluciones eficientes ante la apremiante necesidad de lo que cualquier persona busca en cualquier parte del mundo: una vida con calidad. (dmz/amr/hl)