Bach pide renovar confianza en el deporte pese a “tiempos difíciles”

 

Por Stefan Tabeling

 Lausana, 8 de diciembre 2015 – El alemán Thomas Bach reía hoy despreocupado en los enormes jardines a orillas del Lago de Ginebra. La ceremonia por el inicio de la construcción de la nueva sede del COI en Lausana resultó, sin embargo, apenas un oasis en medio de la tormenta para el jefe del olimpismo.

El Comité Olímpico Internacional (COI) inició hoy en la ciudad suiza su última reunión de comité ejecutivo del año con una montaña de problemas sobre la mesa.

La crisis del atletismo, los escándalos de doping, el «no» de Hamburgo a la organización de los Juegos de 2024 y la delicada situación en la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) prometían dejar en segundo plano el primer aniversario de la aprobación de la Agenda 2020, tal vez el proyecto más ambicioso de Bach.

Con motivo de la reunión, el alemán publicó una carta en la que no dudó en afirmar que «el deporte está viviendo tiempos difíciles» y pidió a las federaciones deportivas que intensifiquen su lucha contra la corrupción y el doping, aunque al mismo tiempo se mostró esperanzado en que la crisis represente una oportunidad.

El dirigente alemán no nombró a la FIFA ni a la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF), envueltas en numerosos escándalos en los últimos meses, pero dijo que los «recientes acontecimientos en algunos deportes son particularmente tristes».

La crisis del atletismo, el deporte madre del olimpismo, es tal vez el principal problema que afronta hoy el COI. De hecho, la participación de los atletas rusos en los Juegos de Río 2016 es todavía una incógnita tras la suspensión de su federación de todas las competiciones internacionales debido a los escándalos de doping.

«Tenemos que hacer todo lo que podamos para proteger a esos millones de atletas limpios que hay alrededor del mundo», pidió hoy Bach en su carta, titulada «Renovando la confianza en el deporte» y colgada en la página web del COI.

«Por su bien y por la credibilidad de las competiciones deportivas, los atletas tienen que ser protegidos de las influencias del doping y la corrupción. También tenemos que proteger la credibilidad del deporte del arreglo de partidos y la manipulación», añadió antes de apuntar directamente a los directivos de las federaciones.

«Para luchar contra la corrupción es esencial que las organizaciones deportivas gobiernen bien», señaló Bach.

El directivo alemán dejó de todas formas un lugar al optimismo. «Como dijo Nelson Mandela: ‘El deporte tiene el poder de cambiar al mundo’. Sí, son tiempos difíciles para el deporte. Pero sí, también es una oportunidad de renovar la confianza en este poder del deporte de cambiar el mundo para mejorar».

Una de las pocas buenas noticias del día en la reunión de hoy las recibió el deporte mexicano, sobre quien pesaba una amenaza de suspensión a raíz de la presunta interferencia del Gobierno en la autonomía de las federaciones nacionales.

El COI desestimó hoy finalmente la posibilidad de que México sea excluido de Río 2016 por ese motivo. El español Pere Miró, director del COI, aseguró que el tema no está en discusión y opinó que las investigaciones impulsadas por el Gobierno para auditar el destino de los recursos destinados a las federaciones son legítimas.

Sí continuará suspendido por injerencia gubernamental el Comité Olímpico de Kuwait, por lo que los atletas de ese país no podrán representar a su país en Río. El COI, de todas formas, habilitó a los atletas de naciones sancionadas a que compitan bajo la bandera olímpica.

Más allá de los asuntos espinosos, los directivos del COI tuvieron un momento de relajación con la ceremonia por la construcción de su nueva sede en Lausana y la colocación de la piedra fundamental del edificio.

Ubicada a orillas del Lago de Ginebra, la nueva sede tendrá capacidad para albergar a 600 empleados del COI, que en la actualidad se encuentran repartidos en diferentes edificios de la ciudad suiza.

De acuerdo al proyecto, el costo de la construcción está estimado en 160 millones de francos suizos (unos 150 millones de dólares) y se prevé que la obra esté finalizada para 2020. (dmz/dpa/ahr/hl)