Dinamarca, el nuevo «malo» de Europa con los refugiados

 

Dinamarca, el nuevo «malo» de Europa con los refugiados (Foto: Thomas Widmann / Twitter)

Copenhague, 26 de enero 2016 – Dinamarca, un paraíso pacífico para los amantes de la bicicleta, el país de la Sirenita y de la gente más feliz del mundo: esta imagen del país del norte de Europa se ha visto dañada en los últimos meses por la actitud del Gobierno ante el flujo de refugiados.

Dinamarca se ha convertido en «el malo» de Europa, el país que quiere confiscar los objetivos de valor a los refugiados y obligar a comer carne de cerdo en las guarderías, para que no se pierda la cultura danesa.

Otros países actúan contra los solicitante de asilo con la misma dureza con la que lo hace Dinamarca, cuyo Palamento aprobó hoy una controvertida ley de asilo. Pero quizá no lo hacen saber con tanto ruido.

«Dinamarca está pagando el precio de su lamentable política simbólica», criticaba hoy el diario «Politiken». La nueva ley, que contempla la confiscación de los objetos de valor a los refugiados a partir de una cierta cantidad, muestra lo pequeño e indigno que pueden ser democracias de prestigio cuando entran en pánico por la llegada de refugiados.

El diario «Berlinske», sin embargo, ve sin embargo a Dinamarca sometida a una campaña para manchar su imagen, después de que importantes diarios internacionales como el «New York Times» hablaran en los últimos días del cambio de Dinamarca de un país abierto a un país que «espanta» a los refugiados.

Por primera vez el pasado lunes la ministra de Integración danesa, Inger Støjberg, tuvo que comparecer y explicar ante el Parlamento Europeo por qué su país quería confiscar a los refugiados objetos y dinero en efectivo a partir de 10.000 coronas (unos 1.340 euros).

Los críticos acusaron también al gobierno danés por aumentar el periodo de espera para la reunificación familiar de uno a tres años.

A nivel interno, la ministra liberal desató, con su duro tono, los aplausos de los electores de los populistas de derecha. Pero en Bruselas su voz sonó despechada, como si todo se hubiera tratado de un malentendido.

Originalmente, Støjberg quería incluso confiscar anillos de matrimonio, pero tuvo que abandonar la idea tras una fuerte oposición. Su acompañante, el ministro de Exteriores, Kristian Jensen, se apresuró a soltar la patata caliente y acusó a los eurodiputados daneses de que su país se viera obligado a justificar en Europa su política de asilo.

En Dinamarca, los expertos advierten mientras tanto de un segundo «linchamiento» internacional como ocurrió durante la crisis de 2005 relacionada con las caricatura del profeta Mahoma publicadas por el diario «Jyllands-Posten» que desataron indignación y disturbios en el mundo musulmán.

La mala imagen podría también dañar los intereses económicos de Dinamarca, creen los investigadores. «Recibimos la imagen del pequeño país del norte que no quiere ser parte del mundo global ni asumir responsabilidades», dijo Mads Mordhorst, de la Escuela de Negocios de Copenhague a la agencia de noticias Ritzau.

Pero Dinamarca sí que asume responsabilidades, aseguró Jensen en Bruselas. Su país ha gastado la segunda mayor suma de dinero en la UE para los refugiados en relación a su tamaño. También en la acogida de solicitantes de asilo está entre los diez primeros de la UE. Desde la introducción de los controles provisionales en la frontera con Alemania desde comienzos de enero, se están reduciendo sin embargo las cifras.

Una mirada a las fronteras nacionales muestra sin embargo que Dinamarca no está sola con sus drásticas medidas contra los solicitantes de asilo, ni tampoco con la controvertida «ley de joyas», como se conoce popularmente.

También en Suiza los refugiados tenían que entregar sus bienes que superaban los 1.000 francos (914 euros) para ayudar costear los gastos de su estancia en el país.

En Baviera, en el surde Alemania, ya se confisca dinero en efectivo y objetos de valor que superan los 750 euros, según el ministro del Interior Joachim Hermann, de la conservadora Unión Socialcristiana (CSU), el partido hermano de la Unión Democristiana de Angela Merkel.

Y en Noruega ha aumentado recientemente el clamor por una regulación similar entre políticos locales de los populistas de derecha en la coalición del gobierno.

La nueva regulación sobre reunificación familiar, que se calcula afectará a uno de cada cinco refugiados en Dinamarca, podría sin embargo acabar ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, advierten los críticos. Una serie de organizaciones ya han anunciado que apoyarán a los refugiados en una demanda contra Dinamarca.

La ley envía una señal totalmente equivocada, creen muchos que también conocen la parte más amable del pequeño país escandinavo.

«Dinamarca no es ni un país que rechaza a los refugiados ni xenófobo o islamófobo», aseguraba «Politiken» exigiendo: «Destruyan esta ley».

Pero el llamamiento no ha tenido efecto. Los populistas de derecha, la Alianza de los Liberales, conservadores y la mayor parte de los socialdemócratas aprobaron esta tarde la propuesta del gobierno liberal en minoría. (dmz/dpa/hl)