Holanda asume la presidencia de la UE bajo la sombra del populismo

 

 

El populista holandés de derecha Geert Wilders (Foto: Zaman Vandaag  / Twitter)

Por Annette Birschel

Ámsterdam, 29 de diciembre 2015 – La «Casa de Europa» ha sido frabricada con una impresora 3D. Este pabellón móvil situado en Ámsterdam será, a partir de enero, el centro de la presidencia de los Países Bajos del Consejo de la Unión Europea (UE). La casa, hipermoderna y decorada al estilo holandés, se encuentra situada junto al histórico Museo Marítimo Nacional.

El glorioso pasado naval de los Países Bajos durante el siglo XVII se conecta de esta forma con la nueva era de cooperación internacional y avances tecnológicos. Una imagen de gran valor simbólico.

«Unir» es la palabra clave en torno a la que girará la presidencia de turno de los Países Bajos durante los próximos seis meses. La crisis actual migratoria requiere de una estrecha cooperación, señaló el ministro de Exteriores, Bert Koenders. «La UE no puede permitirse hacerse a un lado».

Siempre que pueden, los holandeses recuerdan su gran tradición marinera. «Tenemos que mantener el rumbo», dijo el ministro socialdemócrata, como si la UE fuera un barco que se encuentra en medio de una fuerte tormenta.

Y realmente se puede considerar que es así. La alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Frederica Mogherini, auguró una ardua tarea para los Países Bajos. «Se trata de una presidencia clave de cara a los muchos problemas de Europa, como son los refugiados que solicitan asilo y el terrorismo», dijo en La Haya.

Holanda quiere llevar a todos los estados de la UE a una línea común. Así lo prometió el primer ministro del país, el liberal de derechas Mark Rutte, que también advirtió que no descuidarían el otro pilar básico de su Gobierno: la economía. «Marcaremos nuestros propios objetivos: el fortalecimiento del mercado interno, más puestos de trabajo y una moneda fuerte».

Pero el fortalecimiento de la solidaridad europea será el asunto central. Para Rutte y su gabinete, lo más importante es asegurar las fronteras externas de la UE y un reparto justo de los refugiados entre los Estados miembro. Para ello, sin embargo, tiene que haber de una vez compromisos vinculantes.

Pero, ¿cómo pretenden los Países Bajos alcanzar esas metas? Sobre todo teniendo en cuenta que en Holanda florece el euroescepticismo como nunca antes.

El populista de derechas Geert Wilders está en contra de esa Europa solidaria y sus propuestas le han hecho subir en las encuestas. Entre otras cosas, se sitúa frontalmente en contra de acoger refugiados, exige el cierre de las fronteras y la salida de Holanda de la UE.

Para la gran mayoría de los ciudadanos, las propuestas de Wilders van demasiado lejos. Sin embargo, sí hay una mayoría harta de que Bruselas se inmiscuya en los asuntos internos del país. Y muchos holandeses quieren interrumpir el flujo de refugiados, depués de que este año unos 57.000 refugiados solicitasen asilo en los Países Bajos, una cifra sin precedentes.

Para empeorar las cosas, los antieuropeístas forzaron un referéndum sobre la asociación o no de la UE con Ucrania. Este referéndum, que se celebrará en abril, podría tornarse en seguida en un claro mensaje antieuropeísta, algo que supondría una auténtica vergüenza.

La división interna de los Países Bajos puede verse como una muestra extrapolable a la UE. La Haya hace referencia a ello en su programa para la presidencia europea: «Por un lado, una Unión que se concentre en lo esencial, una unión innovadora, que promueva el crecimiento y el empleo. Una unión que esté ahí para los ciudadanos». En el otro lado se sitúa la lucha contra el terrorismo, y una cooperación para el flujo de refugiados, incluso en contra de los intereses nacionales.

Cómo unir estas dos corrientes no está claro. «Es el momento de ser pragmático», afirmó Mogherini. Y precisamente a los holandeses siempre se les dio bien ser pragmáticos y alcanzar compromisos sobrios.

La pregunta ahora es si los ministros de los demás estados miembro de la UE se comportarán también de esa forma. Como advertencia, queda la vista desde la ventana de la «Casa de Europa» en Ámsterdam. Allí se encuentra amarrado el «Amsterdam». El imponente barco de tres mástiles es un símbolo del glorioso pasado holandés. Se trata de una copia, puesto que el original se hundió en su viaje inaugural en 1749. (dpa/dmz/hl)