La búsqueda de empleo en Alemania acaba mal para muchos españoles

 

El socialista Pedro Sánchez del PSOE (PES / Twitter)

Núremberg, 18 de diciembre 2015 – La emigrante española en Alemania Alma Martín no muestra gran interés por el ganador de las elecciones del domingo en su país: gane el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, o su adversario socialista Pedro Sánchez, Martín cree que los problemas económicos de España persistirán.

Por eso decidió emprender su propio camino y marcharse del país. Hace nueve meses que se fue de Granada para instalarse en Baviera. La profesora de bachillerato completa su año de voluntaria en una dependencia de la iglesia evangélica en la pequeña localidad de Neuendettelsau. Su plan es obtener una plaza fija como profesora asistente.

«Estoy más que contenta», comenta a dpa la profesora de 35 años. Su trabajo actual con personas discapacitadas le divierte: «Todo es mucho mejor de lo que esperaba».

Aunque admite que fue un paso difícil, que significó dejar atrás a su familia y a sus amigos, no piensa en regresar: «La situación económica en España está cada vez peor, no veo la posibilidad de encontrar trabajo en mi país».

José Luis Morón, compatriota suyo, ve las cosas de forma parecida. El fisioterapeuta de 30 años pelea con la burocracia alemana para que le reconozcan su título de formación profesional en su nuevo país. Mientras tanto, trabaja como cuidador en la residencia de personas discapacitadas de Neuendettelsau. Tampoco él se plantea regresar: «En España, con mi profesión no tienes futuro».

Martín y Morón son dos de los muchos miles de jóvenes españoles que decidieron emigrar ante las dificultades económicas de su país. Muchos de ellos eligieron Alemania, en una ola migratoria que, según los expertos, comenzó en 2011. No hay datos exactos sobre cuántos españoles han cambiado su residencia a «Deutschland».

Una pista son las estadísticas de empleo, según las cuales el número de españoles con trabajo en Alemania subió en 30.000 personas desde 2011. Ahora hay ya 70.000 españoles trabajando en Alemania.

Pero el pico de la gran explosión migratoria parece haber quedado atrás. José Cobos, que dirige en Granada la sección alemana de una asociación para personas que regresan a su país, llamada AGER, cree que el número de españoles que buscan su suerte en Alemania se redujo.

«La demanda de trabajos o de posibilidades de formación en Alemania o en Francia cayó respecto a 2011 o 2012», indica Cobos.

Según él, los esfuerzos del Gobierno español para ofrecer perspectivas a los jóvenes desempleados dan sus frutos.

En los últimos meses se ha creado empleo en España, pero el interés de los jóvenes por Alemania no ha desaparecido del todo.

«El 90 por ciento de los que van, se quedan allí, porque ven que tienen una perspectiva laboral, mientras que aquí en España no tienen nada», explica Cobos.

Pero, según el director del Instituto Europeo de la Obra Social de la Iglesia Evangélica de Neuendettelsau, Thorsten Walter, muchos jóvenes españoles sufre decepciones cuando llegan a Alemania.

«Los jóvenes llegan con otra cultura», opina Walter. Asegura que parte de los recién llegados ha tenido una vida muy protegida en sus familias, lo cual les hace muy dependientes, «no saben encajar bien las críticas».

La empresa de Ludwigshafen G+H Isoliertechnik también ha tenido experiencias encontradas con jóvenes españoles. Hace dos años acogió a 23 jóvenes para que hicieran su formación profesional como expertos en aislamiento industrial. Gerd Buczek, director de Personal, dijo que en el primer año fue una buena experiencia.

«De esos 23, 16 están ya en el tercer año de formación», explica. Aunque es un éxito, alertó de que las cámaras de comercio alemanas no tienen en consideración los problemas de idioma de los jóvenes españoles.

Pero G+H ha dejado de emplear a jóvenes españoles en sus cursos de formación profesional, porque las clases de este año y del año pasado fueron más problemáticas. De los 16 que empezaron en 2014, solo siguen tres en la empresa. De los 12 de este año, ya se ha ido la mitad.

«Creo que el problema de algunos de estos jóvenes es que estaban sobrecualificados», apunta Buczek. (dpa/dmz/hl)