Luis Ospina: «Sentí el deber de contar la historia del Grupo de Cali»

 

 

Una escena de la película «Todo comenzó por el fin» (Foto: Antonio Girón / Twitter)

Por Astrid Riehn

Mar del Plata, 5 de noviembre 2015 – El cineasta colombiano Luis Ospina afirma que sintió «el deber generacional» de contar la historia del colectivo artístico conocido como «Grupo de Cali», del que fue uno de los miembros más activos junto al escritor y crítico de cine Andrés Caicedo. Y eso es lo que hizo con su documental «Todo comenzó por el fin», que se presenta hoy en el Festival de Cine de Mar del Plata.

Ospina confesó a dpa que la película -una obra monumental de más de tres horas que incluye material de archivo, entrevistas con algunos ex integrantes del grupo y fragmentos de films previos del director, y que le llevó cinco años terminar- está hecha con «urgencia» debido a que, apenas comenzó el rodaje, le detectaron un cáncer. «Yo siempre digo que el documental es una película de suspenso porque uno no sabe si el director se va a morir a mitad de camino», bromeó.

Es así como al enfermedad de Ospina forma también parte del film, que se proyecta en la sección no competitiva «Autores» del Festival de Mar del Plata tras su estreno en el de Toronto. A modo de prólogo y epílogo, se ve el paso del director por el hospital, para someterse a estudios y operaciones. Su salud era tan incierta que pidió incluso a sus amigos que si moría, ellos finalizaran la película por él.

El puntapié inicial para «Todo comenzó por el fin» fue, sin embargo, la muerte, hace siete años, del director y actor Carlos Mayolo, uno de los tres puntales del «Grupo de Cali» junto a Ospina y Caicedo. A diferencia de Caicedo, que se suicidó a los 26 años, el mismo día que se publicó su novela mítica, «¡Que viva la música!», Mayolo murió pasados los 60 debido a su adicción al alcohol y las drogas.

«Creo que es también una película que trata un poco sobre la autodestrucción, una a corto y otra a largo plazo», señaló el director, que ya había abordado la muerte de Caicedo en su documental de en 1986 «Unos pocos buenos amigos», nueve años después de su suicidio. Y que tras la muerte de sus dos amigos sintió que se estaba «manoseando» un poco la historia del grupo, por lo que decidió hacer su propia película.

«La hice como un autorretrato de un grupo, por más que suena a contradicción, de una generación que estuvimos muy activos en los años 70 y 80, que fuimos muy prolíficos en cuanto a producción cinematográfica, mientras el país vivía la etapa más convulsionada del siglo XX, con el narcotráfico, la guerrilla…», recordó Ospina.

«Pero también fue para nosotros un momento de mucha celebración. No sólo hacíamos cine, también había grupos de rock, cineclub, publicábamos revistas… Éramos un grupo interdisciplinario de artistas», contó el director de películas como «Pura sangre» y «Soplo de vida», quien además es hoy día director artístico del Festival de Cine de Cali.

En plena época de hippismo, muchos de los miembros del «Grupo de Cali» se lanzaron además a vivir en comunidad en una casa conocida como «Ciudad Solar» y a experimentar con las drogas, vivencias que refleja el film. «Yo trato de enfatizarlo mucho porque la droga fue muy importante para nosotros: fue tener tanta energía en un momento, pero también nos pasó la cuenta a algunos. Por eso sentí la necesidad, el deber generacional de contar esta historia desde el punto de vista del sobreviviente».

Hace 20 años que Ospina vive en Bogotá. Dejó Cali en 1995 y fue uno de los últimos integrantes del grupo en hacerlo. «Nací en Cali, hice muchas películas sobre Cali, le dediqué casi toda mi obra hasta que llegó un momento en que se dispersó el grupo y ya no reconocíamos a la ciudad. La tomó el narcotráfico, se acabó el cine, hubo como una desbandada y la gente se tuvo que ir a vivir a Bogotá».

«Todo comenzó por el fin» incluye, entre otros, los testimonios de Rosario, la hermana de Andrés Caicedo, la actriz Ani Aristizábal, el actor Ramiro Arbeláez y Clarisol Lemos, una mujer que de niña formó parte de lo que Ospina describió como «una pequeña corte de chicos muy pequeños y muy precoces» que rodeaban a Caicedo y a quien se puede ver en el film, a los 12 años, disertando divertidamente sobre la menopausia.

«Los últimos dos o tres años de su vida Andrés empezó a interesarse muchísimo por la generación que venía, incluso nos distanciamos un poco por eso», recordó Ospina. «Yo he llegado a decir en broma que esos niños eran corruptores de mayores, porque con ellos hemos probado incluso drogas que nunca habíamos tomado. Caicedo estaba obsesionado con (Edgar Allan) Poe y la relación con su mujer, mucho menor que él. Le fascinaba la precocidad de estos niños y empezó a grabarlos».

Es así como la película viaja hacia atrás y hacia adelante, intercalando imágenes de archivo con entrevistas y con material muy personal como la grabación casera de la despedida que le dieron sus amigos a Mayolo, esparciendo sus cenizas por un jardín.

«Todos los documentalistas trabajamos el lugar de la memoria, siempre estamos filmando cosas que están en tránsito de desaparecer: pueden ser gentes, las ciudades…», afirmó Ospina. «Yo estaba obsesionado con este tema de la memoria porque para mí la ausencia de memoria es la muerte. Si nadie te recuerda, caes en el olvido». (dmz/dpa/hl)