Pierre Boulez, un renovador radical de la música

Provocador y renombrado compositor, director y profesor: Murió Pierre Boulez a los 90 años Foto: classicalite.com)

Por Susanne Kupke

Baden-Baden, 6 de enero 2016 – De joven quería «dinamitar» las óperas y en lugar de ello conquistó los escenarios de todo el mundo: Pierre Boulez se convirtió en uno de los representantes más significativos de la vanguardia musical. Sacudió el mundo de la música y sentó nuevas bases, en una continua búsqueda de lo nuevo.

 

Sin embargo, el provocador y renombrado compositor, director y profesor francés, que murió en la noche del martes a los 90 años, no hacía mucho ruido últimamente: tenía problemas de salud desde hacía tiempo y se había retirado a su vivienda de Baden-Baden, donde falleció.

Al balneario en la Selva Negra había recurrido continuamente a lo largo de su carrera huyendo del barullo de París para recuperarse de sus giras mundiales de conciertos y también para componer.

Nacido el 26 de marzo de 1925, este renovador musical sacudió el mundo de la música, enfrentándose a numerosos compositores, vivos y muertos, y superando dificultades. Pero nunca se dejó confundir en su búsqueda de lo nuevo.

Ravel, Strawinsky, Schönberg quedaron atrás. El «freak» de la matemáticas, hijo de un fabricante de acero de Montbrison, en el valle del Loira, hizo evolucionar la música dodecafónica de Arnold Schönberg para desarrollar la llamada música serial, compuesta en base a series numéricas o proporciones.

Esas construcciones musicales tan rígidas le valieron el apodo de «Robespierre» en los años 50, en referencia al líder revolucionario francés.

La modernidad de composiciones como «Notations» o «Le marteau sans maître» fue frecuentemente tildada de atonal, caótica y desordenada por críticos y amantes de la música. Algo que podría explicarse porque las obras de Boulez no eran fácilmente accesibles. «A mucha gente le resultaban difíciles», afirma el musicólogo Dariusz Szymanski.

Para comprender y amar la obra de Boulez se necesitaba curiosidad y tiempo, según dijo una vez su compañero el pianista Pierre-Laurent Aimard. «Es una música muy rica».

Sus composiciones no son frías, como muchos afirman, opina por su parte el compositor alemán Wolfgang Rihm: «Es una música de gran elasticidad, elocuencia y poder seductor».

Boulez no dinamitó ninguna ópera, al contrario de lo que llegó a decir al inicio de su carrera, sino los prejuicios de la época. Por ejemplo sobre Richard Wagner.

En 1976 dirigió en el festival de Bayreuth la legendaria puesta en escena del «Anillo del Nibelungo» de Patrice Chéreau – el llamado anillo del centenario 100 años después del primer festival wagneriano- pero con tempos totalmente distintos.

«Quería romper conscientemente con la tradición, pero nunca con la Historia», dijo una vez. Y con ello «convirtió» a algunos escépticos. «Boulez me ha reconciliado con Wagner», dijo el director artístico del teatro de Baden-Baden Andreas Mölich-Zebhauser. «No hay muchos hombres como este que nos den cosas nuevas y nos hagan entender mejor las antiguas».

Boulez se hizo más poético con el paso de los años pero permaneció fiel a la búsqueda de lo nuevo. Su repertorio pasó por la música clásica, la «microtonal» con ordenador hasta conciertos con Bruce Springsteen o Frank Zappa. Y nunca se estableció en ningún espacio musical, algo que odiaba casi tanto como la rutina.

El excepcional músico se veía principalmente como compositor pero se hizo famoso por su arte interpretativo y su precisa dirección de orquesta. Como director renunciaba al frack y a la batuta. «Con las manos se puede expresar más que con un palo de madera», djo. Además, fue gestor cultural, filósofo musical, profesor solitado internacionalmente y fundador del instituto de investigación parisino para la música/acústica IRCAM.

Su carrera internacional le llevó desde la orquesta sinfónica de la entonces emisora de radio Südwestfunk en Baden-Baden a la Orquesta Sinfónica de la BBC en Londres y a la Filarmónica de Nueva York. Boulez fue galardonado con numerosos premios internacionales, entre ellos la ciudadanía de honor de Baden-Baden, donde tenía su residencia alemana desde hacía más de cinco décadas, cuando cumplió 90 años.

Pero el propio Boulez no pudo acudir a los conciertos en su honor por su cumpleaños en el balneario alemán ni tampoco en Berlín en la primavera (boreal) de 2015. El maestro los seguía sin embargo conectado desde su casa. Su cabeza seguía entonces «llena de música», dijo entonces un portavoz. (dmz/dpa/hl)