¿Por qué se integran tantos jóvenes al Estado Islámico?

 

 

Por Arturo Martínez Rubí

Berlín, 18 de noviembre 2015 – Conseguir voluntarios para difundir mensajes de odio a través de acciones violentas ha sido una de las labores primordiales del Estado Islámico (EI). Más aún en esta era digital donde se construyen relaciones humanas a distancia, en tiempo real y con información personalizada de fácil acceso.

Conseguir voluntarios para difundir mensajes de odio a través de acciones violentas ha sido una de las labores primordiales del Estado Islámico (EI). Conseguir voluntarios para difundir mensajes de odio a través de acciones violentas ha sido una de las labores primordiales del Estado Islámico (EI). Más aún en esta era digital donde se construyen relaciones humanas a distancia, en tiempo real y con información personalizada de fácil acceso.

En esta era digital donde se construyen relaciones humanas a distancia, en tiempo real y con información personalizada de fácil acceso, resulta esencial ejercer un criterio responsable sobre los desconocidos con quienes interactuamos. No sería nada complicado crear una identidad distorsionada mediante perfiles seductores –fotos, intereses y gustos en común, por mencionar algunos-, que faciliten el diálogo entre dos personas que viven en realidades abismalmente distintas.

En algún lugar del mundo estaría un joven confundido; desempleado, probablemente con estudios universitarios, lleno de frustraciones e incomprensión por la ausencia de oportunidades o estímulos propios para canalizar sus pasiones en el mercado laboral, innovar con sus ideas cualquier rama de la industria, vivir del arte que podría salir de su inspiración, digamos, tener un motivo alentador para vivir.

A unos cuantos tecleos de distancia veríamos a un convencido de su misión; un individuo hábilmente capaz de transformar sus palabras en latentes promesas, en futuras emociones y justificación a la existencia, hasta ahora, un tanto gris y confusa de quien lo lee. Su herramienta en la batalla es un celular, una computadora o cualquier medio que le dé acceso a internet.

Por lo que se sabe, muchos jóvenes de distintos países de Europa Occidental han radicalizado sus tendencias para formar parte del EI. De algunos de ellos, interceptados en su camino hacia el enfrentamiento directo en Siria, se sabe que fueron contactados a través de Twitter, Facebook o Whats App. Al mismo tiempo, circulan videos en la red que enaltecen una supuesta valentía, masculinidad y pasión por la confrontación directa mezclando escenas de videojuegos con escenas reales de situaciones de guerra. Una nota de la BBC refiere que la empresa consultora Soufan estimó que al menos 12 000 extranjeros forman parte del ejército del EI, de los cuales cerca de 2 500 provienen de países de Occidente.

Y ante esta realidad, el escenario para cualquier involucrado se transforma: los países europeos han decidido endurecer las medidas de aceptación para los refugiados ante la posible entrada de uno de los suicidas del ataque en Paris, además de la respuesta coercitiva en lo que alegan son puntos estratégicos del Estado Islámico. Por otra parte, la paranoia recrudece el día a día de quienes transitan por las calles de cualquier ciudad. A pesar de buscar la normalidad en la cotidianeidad existe una tensión palpable y, finalmente, podríamos decir que los métodos aplicados en respuesta a los ataques del 11 de septiembre en Nueva York aparecerán un tanto pulidos: controles aeroportuarios exhaustivos, nula privacidad o vigilancia permanente de los medios de comunicación electrónicos y coaliciones militares que buscarán una democratización en la zona en conflicto. 

Si bien es cierto que practicar una misma religión no significa en lo absoluto concordar con las ideas de algún grupo extremista y de acción militar, los “reclutadores” del EI han aprovechado las diferentes circunstancias de vulnerabilidad que encuentran en los jóvenes para encausarlos a su lucha. Radicalizar su percepción religiosa ha sido uno de sus principales métodos (dmz/dpa/amr/hl).