¡Que brille el halo!

„Los pájaras nos hacen la vida alegre“ – obra de Kiki Suárez

Por Herdis Lüke

No hay mucho que decir sobre una hoja de papel blanco a primera vista. Es inocentemente blanco y está en blanco. No hay nada que leer o interpretar. Hoy, ese trozo de papel es una pantalla blanca de Word. Está tan en blanco como una hoja de papel, excepto que puedes verte reflejado en ella y puede cegarnos.

Todos los que escriben o pintan lo saben. La cabeza está llena de pensamientos, pero la hoja o pantalla está vacío. En esta era de las redes sociales, en Alemania como en México se escriben muchas cosas antes de que la cabeza haya terminado de pensar. La mayoría, por desgracia, muchas barbaridades, tonterías, cosas estúpidas. Hay quienes te envían diariamente dichos piadosos sobre la paz, el amor y el perdón. Se creen santos. Si todo el mundo se lo tomara en serio, viviríamos en un mundo maravilloso. Sabemos que no es así. Porque detrás de sus máscaras de santos se encuentran muy a menudo contemporáneos consumidos por la envidia y el odio social.

Esto se puede ver especialmente en Facebook. La gente es menospreciada, insultada o humillada por vacunarse contra el Covid-19. Hay gente que cree que lo sabe todo mejor y que se ha comido la sabiduría a cucharadas. Pero ni siquiera conocen la ortografía. Otros despotrican sobre la censura y la limitada libertad de expresión. Pero ellos mismos son los que más censuran la opinión de los demás. Aparte de eso, si no hubiera libertad de expresión, tanto en Alemania como en México, no nos atreveríamos a expresar nuestra opinión en absoluto. Véase Myanmar, China, Turquía, Rusia o Hungría. Sin embargo, la libertad de expresión no significa que esté permitido lanzar insultos o discursos de odio a tus semejantes, como ocurre tan a menudo en Facebook, sólo porque tienes una opinión diferente.

Internet es una bendición en muchos sentidos. Puedes aprender sobre cualquier cosa y también conocer a gente francamente agradable, con clase e inteligente, e incluso hacer amigos y personas afines. Proporcionan verdaderos momentos de luz en el día a día. Entre ellas, la kinesióloga Christa Ostertag, que ayuda a muchas personas con sus terapias y además las deleita en Coatepec (Veracruz) con el mejor pan y pasteles elaborados según las recetas alemanas, o Nikolaus von Hoepken, detrás del cual está el pedagogo Joachim Hepke (San Luis Potosí). Casi todos los días alegra el corazón de sus semejantes con poemas sentimentales y así habla desde el alma de muchos. El Periódico Alemán de México (DMZ) iniciará (en alemán) pronto con él su serie de retratos de interesantes compatriotas en México.

También me gusta leer las historias y anécdotas que la pintora y psicóloga nacida en Hamburgo Kiki Suárez escribe en San Cristóbal de las Casas (Kikimundo), donde vive desde mediados de los años 1970. Los lectores también la conocerán pronto a través del Periódico Alemán de México.

También hay grandes contemporáneos entre los mexicanos, como el periodista Carlos Ferreyra Carrasco. Su columna diaria en Facebook chispea con el ingenio y el humor que fluyen en sus teclas cuando se mofa del gobierno o comparte anécdotas de sus décadas de vida de reportero en toda América. Compañeros reporteros como Joel Santiago Hernández (Hojas de Papel Volando) también te hacen sentir (y esperar) que la humanidad aún no está totalmente embrutecida o engañada.

Vivimos tiempos difíciles, la pandemia pone de nervios a todo el mundo, ya sea aquí en México, en Alemania o donde sea. Es triste y deprimente ver cómo la gente se desvive por hacer daño a los demás en estos momentos. También lo experimento aquí en Cuernavaca, donde vivo en un jardín paradisíaco. El departamento un sueño, el jardín un sueño. Todo está lleno de flores. Y, sin embargo, aquí también hay gente que envenena el ambiente con su envidia y su odio y siembra la discordia. Difunde cada día en Facebook y WhatsApp dichos piadosos, ya sea sobre Jesús o sobre Buda. Me ha deprimido y paralizado lo suficiente. Prefiero escribir en contra con esta columna, al menos hasta que pueda volver a escribir historias en una hoja blanca.