Rajoy, el gestor de la crisis en espera del juicio a su mandato

 

Mariano Rajoy, del PP, es el jefe del gobierno peor valorado en la historia de la democracia española. (Foto: Partido Popular / Twitter)

Por Sara Barderas

Madrid, 17 de diciembre 2015 – Cuando Mariano Rajoy ganó las elecciones en 2011, asumió las riendas de un país al borde del abismo. Ahora aspira a revalidar mandato tras haber puesto a España en la senda de la recuperación después de la peor crisis de su historia.

Ha sido la tarea más difícil en 34 años de carrera política. Y la austeridad que ha aplicado, unida a los escándalos de corrupción en su partido, han contribuido a la evaluación que los españoles hacen de él en las encuestas: es el jefe del gobierno peor valorado en la historia de la democracia española.

Con 60 años, si es investido de nuevo, será el primer mandatario europeo destacado que mantiene el cargo tras aplicar recortes. Si no, será el primero que solo gobierna cuatro años en España.

“Cuando llegamos al gobierno, España estaba al borde del rescate, estaba al borde de la quiebra. ¿Quién habla hoy de la quiebra de España? Nadie. ¿Quien habla ahora del rescate de España? Nadie”, defiende el líder del conservador Partido Popular (PP).

La crisis llevó a España 6,2 millones de desempleados (27,1%) y la sumió en la recesión. La economía crece ahora de nuevo, aunque la UE pone en duda el 3,3 por ciento que Rajoy prevé para 2015. Su mandato acaba con menos desempleo que cuando empezó, pero con un 21 por ciento sigue siendo el mayor problema del país.

Los comicios generales del domingo son su juicio final, tras varias citas en las que el PP se fue desangrando por los recortes con los que afrontó la crisis y por los escándalos de corrupción. Perdió 2,6 millones de votos en las elecciones europeas y en las locales, 2,5 millones. Las generales pueden salvarlo o condenarlo.

El PP lidera las encuestas, pero no le sirve con ganar: necesitará pactar para asegurarse gobernar. El riesgo es un pacto entre sus rivales que lo desaloje de La Moncloa, como ocurrió en Portugal. 

Si no se mantiene al frente del gobierno, corre el riesgo de morir políticamente. A su favor hay que recordar que erraron los que hasta dos veces lo dieron por acabado.

La primera fue tras perder con José Luis Rodríguez Zapatero en 2004 por la gestión que de los atentados islamistas del 11-M hizo José María Aznar, del que era el sucesor, acusando a ETA para desvincular los ataques de la participación en la guerra de Irak.

La segunda fue tras su segunda derrota frente a Zapatero, en 2008, cuando amagaron con desbancarlo del liderazgo del PP. Su estrategia fue quedarse quieto. El temporal agitó un poco el barco, pero pasó.

Licenciado en Derecho, con 24 años fue el registrador de la propiedad más joven de España. En política comenzó a ascender en su Galicia natal, donde desde los 26 años ocupó puestos de relevancia creciente, hasta ser con 31 vicepresidente del gobierno regional.

Para cuando en 1996 se casó con su mujer, con la que ha tenido dos hijos, ya había entrado en el primer Ejecutivo de Aznar y durante ocho años dirigió varios ministerios.

Apasionado del ciclismo, fumador de puros, es irónico y espontáneo. Los españoles en las encuestas lo perciben frío y distante. Si se preparara los temas es buen orador, si no, puede enredarse tanto como para generar parodias. También puede ser despiadado, como experimentó el socialista Zapatero durante su mandato.

Tiene capacidad de trabajo y disciplina, pero no es un hombre de acción. El inmovilismo del que lo acusan él lo llama paciencia. Lo de dejar pasar temporales lo aplicó con los escándalos de corrupción en el PP y con el desafío secesionista en Cataluña. Esperó de nuevo a que amainara, pero la corrupción se hizo su gran problema y Cataluña está más cerca de la independencia que nunca.

“Yo creo que la corrupción nos ha perjudicado mucho, más incluso que la situación económica”, ha admitido.

El ex tesorero del PP Luis Bárcenas, en prisión, ha sido su peor pesadilla. Al frente de una caja B en el partido, confesó haber pagado sobresueldos en negro a dirigentes de la formación, entre ellos Rajoy. El SMS que le envió -“Luis, sé fuerte”- cuando la Justicia había descubierto ya sus cuentas millonarias en Suiza lo ha golpeado hasta el final de su mandato. 

Llegó al poder con el 44,63 por ciento de los votos y 186 escaños. El domingo, según los sondeos, quedará debajo del 30 por ciento, con poco más de 120 diputados en un Parlamento en el que la mayor parte del poder ya no se repartirá entre dos partidos, sino cuatro.

La vía de agua del barco lleva ahora el nombre de Ciudadanos, que recoge buena parte del voto descontento del PP. Dejar pasar la tempestad solo ha conseguido que se vaya agrandando cada vez más. (dpa/dmz/hl)

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